La ‘película’ que se adelantó al 11-M
Un director de cine tiene registrado desde 1997 un guión que hoy se disputan varias productoras y que describe un atentado con Goma 2 en la estación de Atocha, con 47 muertos y cuya autoría se atribuye en un principio a ETA.
Negando al mundo y negándose a sí mismo la posesión de una indeseable bola de cristal, X.L.F., director de cine, vive hoy la pesadilla de un recuerdo: el recuerdo de cómo, un día, aquel día, su imaginación le jugó una mala pasada, al adquirir de repente la odiosa condición premonitoria de los peores presagios.
X.L.F., que así prefiere llamarse en esta historia «porque por el momento prefiero permanecer un poco al margen», escribió hace ocho años un guión para una película que tenía que titularse -y que a buen seguro se titulará- Aquellos dos negros inviernos. Era una historia de amor y de reencuentros. También de muerte. Era una historia parida por la imaginación, pero también, por desgracia, una historia que había de anticiparse a la realidad.
OBSESIÓN DEL AUTOR
Aquellos dos negros inviernos, relato que hoy, después de tanto tiempo, sigue retumbando en la cabeza de su autor con la obsesión de un martillo perforador, arrancaba con la muerte de su protagonista femenina… junto a otro medio centenar de personas, en la estación de Atocha, a bordo de un tren reventado por los terroristas con 25 kilos de Goma 2, y con unos aledaños resquebrajados por el mismo humo, las mismas sirenas y los mismos gestos de rabia y de dolor que rajaron como una sandía aquel fatídico 11-M.
Una de las semejanzas más llamativas entre la realidad y la ficción se refiere a la primera atribución de la autoría del atentado y las progresivas dudas al respecto. Si el Gobierno del Partido Popular empezó asegurando que había sido ETA, y tildando de «miserables» a quienes lo pusieran en duda, antes de tener que acabar dando pista a la hipótesis del fundamentalismo islámico, el guión de X.L.F., en su página 1, dice: «Una vez más, la sangre corrió en nuestro país. ETA ha vuelto a hacer de las suyas. Esta vez, nadie avisó de la colocación del artefacto; normalmente, la banda terrorista no suele actuar así». ¿ETA? ¿Otros terroristas? ¿Quién?
Dieciocho páginas más adelante (el guión está escrito sobre una estructura de flash-backs vertebrada en tres épocas distintas, un momento indeterminado de los años 80, el año 1997 y el año 2031), Salvador, el protagonista de Aquellos dos negros inviernos, escucha en la radio las funestas noticias, antes de conocer que su novia de la adolescencia, Margarita, acababa de convertirse en una de las víctimas: «Esta mañana, Madrid se volvió a estremecer. ETA ha vuelto a hacer de las suyas. Esta vez le tocó el turno a la estación de Atocha. Veinticinco kilos de Goma 2 hicieron explosión hace apenas 15 minutos».
En definitiva, lo que X.L.F. escribió allá por 1996 no fue sino la ilustración -con ocho años de adelanto- de lo que algunos diarios llegaron a titular en las portadas de algunas de sus ediciones extras el 11-M: Matanza de ETA en Madrid (El País), ETA asesina a más de 130 personas (ABC).
En otro de los pasajes del relato -página 20- se lee: «La bomba que estalló esta mañana a las nueve y 13 minutos en la estación de Atocha mató a 47 personas. Casi todos eran madrileños residentes en Barcelona que venían a pasar las Navidades con sus familiares…».
En la página 21, y en una secuencia que incluye lo que el guionista denomina Imagen onírica (un recurso narrativo que se repite en varias ocasiones a lo largo del texto), dice así: «Vemos humo en la estación de Atocha. Coches de bomberos, de policía y ambulancias están detenidos enfrente. Hay mucha gente mirando. Sacan heridos en camilla del interior. Cada vez hay más humo, hasta que ya no se ve con claridad».
BOMBAS EN NAVIDAD
Las referencias a la Navidad -e, implícitamente a la Nochebuena, ya que se habla del día en que las víctimas venían a reunirse con sus familias- presentes en el guión de X.L.F. hacen recordar otra hazaña terrorista, aunque en aquella ocasión en grado de tentativa: la intención de ETA de haber volado el tren Irún-Madrid a su llegada a la estación de Chamartín, en la Nochebuena de 2003. Un atentado felizmente frustrado por la policía, que detuvo en San Sebastián y Hernani, respectivamente, a los etarras Garikoitz Arruarte y Gorka Loran, que ya habían introducido en el tren Intercity 20 kilos de explosivos y que pretendían introducir otros 28.
«Los terroristas planeaban una macabra actuación el día de Nochebuena, a una hora de gran afluencia de viajeros en Chamartín, llena de personas que van a celebrar la Nochebuena con sus familias», dijo el entonces ministro del Interior, Angel Acebes. También en el guión de esta historia se habla de gente que viaja a Madrid en tren para pasar la Nochebuena, y también se habla de ETA.
«Imagínate lo que pensé el día que me enteré de lo de ETA en Chamartín, y el día que oí lo del atentado en Atocha, fue bastante fuerte», recuerda X.L.F., que aún guarda en la memoria el momento en que se reunió con sus amigos y les dijo conmocionado: «¡Pero si eso lo tengo escrito yo en un guión para una película!».
Este joven guionista y director gallego afincado en Barcelona no podía sospechar en 1996 que, no una, sino dos veces, la vida iba a demostrarle que sí, que es muy cierto que la realidad supera a menudo a la ficción, pero que hay veces, inquietantes veces, que la ficción puede adelantarse a la realidad. Cosas tan absurdas como que el destino está escrito. Razones para pensar que la condición humana es un guiñapo en manos de la fatalidad de las cosas.
«Joder, es que es increíble, es que cuando pasó todo aquello no podía creerlo, y cuando se lo conté a mis amigos, cuando les dije que aquello lo había escrito yo en 1996, me dijeron que estaba como una cabra», explica entre balbuceos X.L.F, que hoy ha decidido contar su historia como una terapia, sí, encaminada a exorcizar fantasmas, pero también como un modo de cubrirse las espaldas por lo que pueda pasar. Porque de una cosa parece estar convencido: «Cuando se sepa mi historia, seguro que me llaman a declarar».
¿A declarar? ¿Sólo por haberse adelantado a la realidad con un bolígrafo y un cuaderno? Pero lo cierto es que el rocambolesco via crucis del autor de Aquellos dos negros inviernos no termina en la mera -y espeluznante- similitud de su guión con lo acontecido hace casi un año en las estaciones de Atocha, El Pozo del Tío Raimundo y Santa Eugenia.
TODO UN MISTERIO
En 2001, cinco años después de haber escrito la historia y tres antes del horror del 11-M, a X.L.F. le ocurrió algo que ha ocurrido y seguirá ocurriendo a muchas personas: el disco duro de su ordenador dijo basta, se escachifolló y dio lugar a que todos los archivos que su propietario tenía guardados se volatilizaran en el aire, incluido el guión protagonista de esta historia.
Su autor se dirigió al Registro de la Propiedad Intelectual de Barcelona para solicitar una copia del mismo «por ser un bien preciado para mí», tal y como escribió entonces en el impreso de petición (Aquellos dos negros inviernos era, en aquel entonces, el único guión que su autor tenía escrito y registrado).
Todo siguió su curso normal, hasta el día en que a X. le llamaron diciendo que ya podía pasar a recoger su copia. Cuando la tuvo entre sus manos, se quedó estupefacto. Las 94 páginas del relato habían sido subrayadas por una mano desconocida. Esto, que parece baladí, no lo es tanto si se tiene en cuenta que el acceso a los archivos del Registro de la Propiedad Intelectual está restringido a los propios autores de las obras y a los jueces que lo consideren necesario en el curso de una instrucción.
¿ANTE EL JUEZ?
«Al principio no le di demasiada importancia», admite el interesado, «pero con el tiempo me fui haciendo preguntas, y cuando ocurrió lo que ocurrió me empecé a preocupar más de la cuenta». Hoy, X.L.F. reconoce sentirse «bastante preocupado, aunque algunos digan que son neuras mías, porque vamos a ver, ¿quién subrayó esas páginas, y por qué? Yo no digo que los terroristas se inspiraran en este guión para hacer lo que hicieron, pero también digo que siempre hay un porcentaje de probabilidades para todo. Y yo, lo que puedo decir es que estoy preocupado, y que hay algunos días que siento algo de miedo… y sospecho que algún juez acabará llamándome a declarar por todo esto… ya me lo dijo el abogado de la productora. Bueno, si eso ocurre, yo explicaré lo que ha pasado y cómo ha pasado».
Y añade: «Vamos a suponer que algún productor tuviera untado a algún funcionario para que revisara guiones registrados en la Propiedad Intelectual; pero es que subrayaron cosas incongruentes, que en su mayor parte no tienen sentido ni desde el punto de vista de una posible reescritura, ni desde la óptica de las necesidades de una producción de una película. ¿Entonces?».
El caso de los subrayados ha llegado a obsesionar bastante al afectado, que no ha recibido ninguna explicación oficial al respecto.«Tren», «Atocha», «la bolsa que lleva al hombro», «virus», «médico» y «levantan las espaldas, yerguen sus cuerpos» son algunas de las palabras o expresiones que el autor del guión se encontró subrayadas para su sorpresa.
Un funcionario del Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid -adonde este diario acudió con un poder notarial de X.L.F. con el fin de obtener una copia del guión original y comprobar así que no se trataba de ningún montaje- explicaba: «Es imposible que ningún funcionario se dedique a entrar en los archivos, coger los originales y ponerse a leer y a subrayar, ¿usted cree que con las decenas de miles de textos que hay en el archivo central de Alcalá de Henares hay ganas de ponerse a leer todo eso? Y sobre todo, ¿para qué?».
Aquellos dos negros inviernos, guión para mediometraje que X.L.F.empezó a escribir en 1996 y que acabó ampliando tras decidir que el tema daba para un largo, es hoy una codiciada pieza que se disputan varias productoras, sabedoras del indudable tirón de cualquier cuestión relacionada de alguna forma con la tragedia del 11-M.
El autor vendió los derechos del relato, «a principios de 2004», a ZIP Films, una pequeña productora catalana que, en breve, podría venderlos a una competidora de mayor calado que ya ha mostrado su interés. «Está claro», reconoce el guionista gallego, «que todo lo que ocurrió con el 11-M se ha convertido poco a poco en una poderosa herramienta de marketing, negar eso es una tontería».
Además, asegura que varias productoras de televisión se han dirigido ya a él para hacerse con los derechos de antena de cara a un hipotético programa especial por el aniversario del 11-M. «Pero yo no estoy dispuesto a que esto se convierta en un programa de amarillismo informativo», zanja el autor de Aquellos dos negros inviernos.
X.L.F. ha dirigido, hasta la fecha, cuatro cortometrajes, titulados Atardece, El chico de los ojos tristes, Carta de despedida y Antes del amargo adiós. Ahora se encuentra inmerso en el proceso de preproducción de su primer largometraje, Ultima confesión, que previsiblemente podría contar con Eduard Fernández, Nancho Novo, Manuel Manquiña y la cantante Beth en los principales papeles.
«Está claro que, después de Ultima confesión, rodaré Aquellos dos negros inviernos… porque estoy convencido de que esta película se hará, se hará segurísimo», explica con una insólita seguridad en sus palabras el director y guionista de esta historia: un joven pedagogo social reconvertido en escritor de historias de cine que, un buen día, se encontró con que la realidad había venido a llamar a su puerta. Cuando su único pecado, al parecer, fue inventarse una historia.
Que hoy, con 192 muertos en el recuerdo, es una historia para no dormir.
Fuente: Belt









